Una Semana Santa de 365 días al año
El pasado fin de semana, coincidiendo con el puente de la Constitución y la Inmaculada, se celebró la procesión Magna de Sevilla, un parque temático temporal que colapsó la ciudad.

Colocación de sillas en la plaza de San Francisco para la carrera oficial de Semana Santa de Sevilla. FOTO: PACO PUENTES
PACO PUENTES
Sevilla. 4 septiembre 2024
Recuerdo las Semanas Santas que empezaban el Domingo de Ramos, para ese día siempre estrenaba ropa, una camisa, un pantalón y si no había muchos recursos ese año, unos simples calcetines, pero la tradición había que seguirla.
También recuerdo esos días como aquellos en los que cogido de la mano de mi madre, acudíamos todas las tardes a la Plaza de las Tendillas de Córdoba, nos colocábamos detrás de las sillas de pago dispuestas allí –no nos las podíamos permitir– y pasábamos la tarde de pie, viendo todos los pasos y cofradías de esa tarde. Hoy en día eso sería imposible, ya que tras esas sillas, se colocan unos paneles altos que impiden al que no pague, ver el cortejo por la carrera oficial, reubicada desde hace unos años en el entorno de la Mezquita Catedral, la zona más turística de la ciudad.
Con más edad cambiaron varias cosas, dejé de ir con mi madre, y ahora las localizaciones donde ver los pasos consistían en una búsqueda por calles estrechas pero sin aglomeraciones de gente, lugares donde poder esperar tranquilamente sentado en el bordillo de la acera.
Más tarde cambié de ciudad, ahora tocaba vivir en Sevilla, un lugar de máxima importancia en la celebración de esta festividad religiosa.
Al poco tiempo, dejé de acudir a estas celebraciones, por varias razones, todo se comercializó, todo se transformó en global, todo se hizo por motivos económicos y la Semana Santa, por muy Santa que sea, se convirtió en un producto, en un reclamo turístico a golpe de post en redes sociales pero sobre todo, en un factor monetario para la ciudad y para las hermandades.
Las aglomeraciones de gente que acuden al lugar son cada vez más insostenibles, inseguras e inhumanas y en su mayoría utilizan la pantalla del móvil como intermediario entre lo que pasa y lo que ven, algo totalmente incongruente.
No pasan siete días sin ver una procesión o salida 'extraordinaria' por las calles de Sevilla o su provincia, basta ver el calendario de salidas entre septiembre y noviembre: 7 de septiembre Ida de la Piedad desde el Baratillo a la Catedral, 14 de septiembre coronación de la Piedad, 19 de octubre salida de la Virgen del Amor de Pino Montano, 30 de octubre salida del Cristo de San Agustín, 31 de octubre ida de la Estrella, 2 de noviembre vuelta de la Estrella, 2 de noviembre traslado del Socorro, 10 de noviembre traslado de los Estudiantes a la Iglesia de la Anunciación, 17 de Noviembre salida de la Hermandad de los Estudiantes.
La gota que ha colmado el vaso se ha producido a través de la celebración de una procesión Magna con motivo del Segundo Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular entre el 6 y el 8 de diciembre coincidiendo con el puente de la Constitución y la Inmaculada.
Como guinda final del acto se produjeron 40 horas de procesiones de forma ininterrumpida, casi dos días completos, ya que la primera Hermandad –El Cachorro– en iniciar el recorrido lo hizo el sábado 7 a las 15.15 horas y la última –La Macarena– se recogió el lunes día 9 a las 6.00 h de la mañana.
Algo que hizo que la ciudad se convirtiera en un lugar de 'peregrinación' de fieles, vendedores de souvenirs, bebidas, bocadillos, globos, un hervidero de miembros de policía nacional, local, protección civil, una marabunta de turistas llegados del extranjero, de España, de Andalucía, de ciudadanos de Sevilla y su provincia. Más de 21.000 sillas flanquearon el recorrido céntrico de las hermandades, lógicamente fueron de pago.
El Ayuntamiento de Sevilla destinó un presupuesto de 2,5 millones de euros, que en su mayoría fue destinado a sufragar los gastos de horas extras de la Policía Local y otros servicios públicos, limpieza, movilidad e instalación de aseos públicos en la vía pública, todo ello para crear un parque temático temporal con marchas procesionales y olor a incienso.
¡Cómo me gustaba la Semana Santa cuando duraba una semana!